\"Y Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza.\"
Tal vez el primer pecado no fue la soberbia.
Tal vez fue enamorarse
de aquello que el cielo prohibía tocar.
¿Quién soy yo?
No soy Dios,
apenas su creación más imperfecta.
Soy el mayor pecador por amor.
¿Quién soy yo, sino el más maldito?
Aquel que envidia a los amantes,
no por lo que poseen,
sino por sentir aquello que nunca conocí.
¿Quién soy yo, sino el más maldito?
Aquel que reclama
lo que jamás le perteneció.
¿Quién soy yo, sino el más maldito?
Me he obsesionado con la mujer que robé.
Pero es un juego de ladrones:
ella robó mi corazón marchito,
y yo pretendo robar su alma.
¿Quién soy yo, sino el más maldito?
Y, aun así,
en mi condena encuentro un orgullo.
Porque soy mejor que Dios.
Dios posee el cielo. Yo poseo la condena de haber amado.
¿Quién soy yo, sino el más maldito?
Llámame Sallos.
Si el precio de amarte
era perder el cielo,
hace mucho que dejé de mirar hacia arriba.
Tal vez Dios conserve el paraíso.
Yo conservo el pecado.
Y hay noches
en las que no sé
cuál de los dos fue el condenado