Alexandra Quintanilla

Sobre la reputación

Sobre la reputación, tal vez sea una hoja de cálculo que casi le atina. Digo casi, porque creo que hay algo más obsoleto que uno o muchos decires. Demasiadas opiniones terminan maravillando lo que no es o perjudicando lo que aparenta ser.

Pero vivir sobre lo que se dice, bah, es una frustración constante. Los que hablan de otros realmente es porque no pueden hablar, ni bien ni mal, de sí mismos: seres inanimados sin una cualidad importante, el reconocimiento de sí.

Está bien si dicen que estoy bien en determinado ángulo, moviéndome en lo que me agrada, pero eso no me define completamente. Estoy en una especie de báscula con un toque de bien y mal en mi yo cambiante. Estoy ante las expensas del tiempo. Y no solo está bien eso, también es normal si hablan a mis espaldas porque, bueno, me dan demasiada importancia. Eso significa que ocupo un lugar en sus pensamientos.

¿Si me importa? Pienso que no tanto. Estoy en mi propia órbita, desenredando el caos de lo que puedo ser desde mi vivencia. Habito por completo el espacio de lo que soy, por lo que no me importa tanto lo que otros sean. Cada quien en su cabeza. Trato de hacerme una mejor persona ante algo menos superficial que un pueblo ensalzado en todo lo que desean y no logran.

Se esconden en sus balcones, viendo de reojo lo que otros viven, mientras ellos solo existen a expensas de alguien más. Si los otros no estuvieran, entonces tendrían que enfrentarse ante lo que no son. Entonces, se darían cuenta de que están perdidos.

¿Son seres humanos o cámaras espiando?
¿Están realmente vivos o solo respirando?