Mañanita no tan de mañana,
todavía los pájaros no cantan.
Puedo sentir mi suave piel entre las sábanas.
Revolotean mis manos entre mis bragas.
Decido, pienso:
qué lindo y qué triste
despertarme sola en esta cama.
Pero qué más da.
Nadie respira a mi costado
y puedo ocupar este lugar como
yo quiera.
Me hace sentir infinita.
Mañanita no tan de mañana,
por un momento recuerdo tu cara,
y me pregunto:
si del otro lado
del papel que escribo,
podrías volverte
realidad entre mi piel
Pero no me quedo ahí.
Miro a mis gatos,
posicionados, como siempre,
uno de cada lado,
y me digo:
—Hoy será mañana de panqueques