Carlos Baldelomar

+ ARRAIGOS +

Alguien una vez me dijo

que el arraigo termina cansando

de tanto ver pasar las mismas calles.

 

Pienso entonces

que tal vez

aún no te he extrañado lo suficiente.

Que me toca insistir con la necedad de mis costumbres:

acostumbrarme a soñarte del mismo lado del colchón,

escribirte en la misma cara de la página

para que las letras se busquen

y se enreden entre ellas.

 

Y sí, a decir verdad, a veces estoy cansado.

Pero, por una extraña razón

vos no dejás de aparecerte.

 

A lo mejor el arraigo

tiene diferentes formas,

y están esos que son buenos

y te llevan despacito al olvido;

y están estos otros,

que se parecen y apestan como el amor

pero caminan

como la muerte.