Mi mirada, al subir al cielo, implora
una piedad y un consuelo que no halla
y solo ve como horrendos dibujos
las nubes forman, que mi vista apartan.
Mano negra, con dedos afilados,
que a buscarme vienes con frías garras;
llévame donde el corazon no sienta
y a donde en mi alma habite la nada.
Mas la nube negra clara se torna,
y el dedo afilado, paloma blanca,
que, volando, busca nuevos caminos.
y abre así, la puerta a la esperanza.