Imagen creada por IA por el autor
Yo no he recorrido con un bastón de sombras
los pasillos infinitos de la memoria;
y no guardo en ningún Aleph
la suma secreta de las cosas.
Mi biblioteca cabe en unos cuantos estantes
y también en muchos ojos y corazones,
aunque a veces, un libro abierto
se me empeña en parecer infinito. Y lo custodio.
Entonces, pienso en tigres voraces
y en espejos en un jardín donde los senderos
que se bifurcan sin preguntarme
cogen su propio camino a libre albedrío.
No soy Borges, pero sí Jorge Luis,
y yo no sé nombrar el tiempo como él,
ni como quien acaricia un laberinto,
ni sé convertir el polvo de una tarde
en una eternidad de tinta. Aunque estoy en ello.
Pero, me persiguen curiosidad y asombro,
como yo persigo las sombras de las letras
y sospecho que cada palabra,
es apenas el reflejo de otra, y esta de otra;
y, que escribir, consiste, quizás,
en perderse con elegancia
dentro del abecedario de una nube.
No soy el hombre que imagina la rosa sin verla,
pero la puedo imaginar; ni quien hizo del Sur un destino
siguiendo la estrella polar, ni quien encontró en la ceguera
otra forma de ver y de mirar. Solo visualizo y escribo
para mantener la cordura a raya y la cabeza enjabonada
mientras me resuenan los tambores de Calanda de Buñuel.
Soy apenas quien soy y duda,
frente a la página en blanco,
frente a mi propia existencia
llena de mares y peces que no conozco;
soy quien escribe sabiendo
que toda voz viene de voces antiguas,
y, que con todo poema converso
con los muertos que aún respiran en sus libros.
Y, sin embargo, esta noche,
mientras la tinta ensaya su modesto milagro,
quisiera creer que creo en cada verso
un nuevo universo en el metaverso
que abre un pasillo distinto en mi laberinto;
no para encontrar mi Aleph,
ni para merecer el nombre de Borges;
sino para demostrar que incluso,
quien no es Jorge Luis Borges,
puede perderse en sus palabras
y regresar de ellas con las manos llenas de infinito
porque: “La muerte es una vida vivida.
La vida es una muerte que viene”.
Así que, cuando escribo:
“Estoy solo y no hay nadie en el espejo”
O, puede que sí, el reflejo del maestro
detrás de mi reflejo, vivencias, recuerdos
y aprendizajes junto a todos los magos que leí,
los tahúres de los que aprendí
y mis admirados fantasmas;
y, si me quedo con la mente nívea, cogeré su “Aleph”
o “Ficciones” de la biblioteca de Babel
y los releeré hasta empaparme de su lluvia.
Aun así, seguiré sin ser Jorge Luis Borges. Solo Jorge Luis.
CRISPÍN / Mi poesía
Poema nº 72
@JordiCris Derechos de autor reservados©️