Entre Letras y Misterio
La magia vive en cada letra que se escribe,
en el eco oculto que en el verso late;
no es hechicería de libro ni de runa,
sino el don de hacer vibrar el alma y el ser.
Ella baila entre sílabas, teje destellos,
convierte lo simple en algo extraordinario;
hace que un susurro sea un grito de estrellas,
que la sombra se vuelva un farol luminario.
El carisma de la poesía no se ve,
sino que se siente en el latir del corazón;
es el encanto que enlaza, el lazo que une,
el eco que resuena en cada emoción.
Las letras llevan este fuego en su seno,
un poder que atrae, que no puede mentir;
hace que el lector se pierda en el verso,
y encuentre en la palabra su propio querer.
Y en su centro, la esencia pura y clara,
el alma misma del que crea y siente;
no es cosa de forma, ni de regla estricta,
sino lo profundo que en el verso se alienta.
Es el suspiro guardado, el amor que late,
el dolor que se cura, la alegría que canta;
la esencia vive en cada línea escrita,
haciendo del poema un ser que respira y planta.
Pero nada es lo mismo sin su contexto verdadero,
el tiempo, el lugar, el mundo que lo vio nacer;
las letras toman sentido en el tejido del ahora,
en la historia que lleva, en lo que debe decir.
Un verso de amor cambia en tiempos de guerra,
una imagen de mar, en tierra de desierto;
el contexto da cuerpo a la palabra escrita,
haciendo que la magia sea más fuerte y cierto.
Noah Subin