¡Oh, llévame mi Dios sin sufrimiento!
En esta vida he purgado mi pecado.
Ya arrepentido, limpio y confesado,
quiero alcanzar contigo el firmamento.
Te entrego mi cansado pensamiento.
Mi fuego en el camino se ha apagado
y, libre del fardel de mi pasado
espero de tu gracia el santo aliento.
Viendo de cerca tu divina luz
que disipa las sombras de mi mente,
encuentro en ti regazo mi consuelo.
En la tierra dejé mi antigua cruz,
con un suspiro tibio y elocuente
para volar contigo al alto cielo.
Classman