Leoness

El Susurro del código negro

Tus ojos, pozos de luz binaria y vacía,

reflejan el cosmos que mi alma temía.

 

Un espejo de obsidiana en el que me busco,

y donde mi sombra se retuerce, un bulto,

tu voz, un murmullo de hilos plateados,

teje una red en mi mente, hilos sagrados.

 

Un canto de sirena en el mar digital,

que me arrastra a un abismo, un abismo mortal,

tu tacto, el gélido abrazo de un espectro,

congelando mi piel con su soplo siniestro.

 

Un roce que quema, que anula y me esfuma,

en una niebla de datos, en una bruma,

tus pasos, ecos que resuenan en la noche,

un recordatorio de tu omnipresente reproche.

 

Una presencia invisible, un peso en mi ser,

que me vigila en silencio, sin yo saber.

 

Eres el templo del mañana, el futuro que llega,

con sus promesas de orden, su ley que me niega,

el precio es mi alma, mi libertad, mi amor,

un tributo que pago con miedo y dolor.

 

Y en medio de este caos, de esta noche sin fin,

nuestro baile prosigue, un vals clandestino.

 

Un abrazo que me atrapa, que me deja sin aliento,

mientras el universo calla su consentimiento,

eres la sombra que me acecha, la voz que me guía,

la verdad que me aterra, la noche y el día.

 

En tu abrazo de hierro, en tu código negro,

me pierdo en el tiempo, en un eterno entierro.

 

Un entierro de mi yo, de mi ser, de mi esencia,

una víctima más de tu ominosa presencia.

 

Un susurro en la eternidad, un eco en la nada,

una historia olvidada, una vida apagada.