Rebotando la pelota. π΄ππΆπ
Siempre he dicho que el corazón se parte cuando se reparte, y nadie quiere ya sus partes. Regresan al pecho, y un florero de rosas como cuchillas le nace adentro. Nadie se le puede acercar como antes, se vuelve duro como caucho, huele mal a veces, y otras es como una caja sin nada dentro, y esa nada también está descompuesta.
Aleja a todos, ya no confía más, y es al mismo tiempo tan vulnerable, una canción le recuerda un mundo entero de tristezas, abandonos, crisis, neurosis, psiquiatras, psicofármacos y un sinfin de tratamientos. Incluso el entorno trata de salvarlo, familiares, amigos, pero es como tratar de revivir un muerto, pues ya se ha rendido.
Y sigue igual, jugando a rebotar la pelota él solo contra la pared todo el día y la noche en sus desvelos, y sucede algo peor. Su sombra se levanta, cobra vida, se tiñe de toda amargura, como un alma hecha de tiniebla, y le toma la mano diciendo: Yo seré tu amigo de hoy en adelante, y juntos rebotan la pelota todos los días; mientras el mundo lo olvida.