Antes de soñar un mundo incierto
leo estos pensamientos,
esos versos creciendo en el huerto
que yacerán sedientos
de algo más que simples ornamentos
o un mensaje ya muerto.
Y escucho los susurros de Munin
para entender el corazón
la razón de mi forma de escribir
y mi andar sin fin.
Andando con una enfermedad
frente a la extraña realidad
cuando la ignorancia es abismal
y tanta la banalidad del mal.
Pero es tanta la absurdez
que el consuelo es el destino
y yo tan solo un peregrino
en tierras donde pierdo lucidez.