Por ti caminé aquí por todas esas arenas
al otro lado del mundo.
En un cerrar de ojos me resonaban tus trinos, reconocidos en el vaivén del susurro
que cruzaba la mar a la hora antes meridiana.
Nunca sopló tu viento mediterráneo agitándome el cabello, pero tus dedos
se me enredaron
en las largas ilusiones.
Tu voz girando se me quedó
encriptada en la cóclea,
y aún la busco por las noches,
aunque se quede callada.
Yamel Murillo
Confesionario I ©
D.R. 2019