No le pido permiso al viento para decir mi nombre.
Camino con los bolsillos llenos de preguntas, y aun así encuentro flores creciendo en el asfalto.
El tiempo no siempre responde, pero deja señales: una hoja que cae sin miedo, una lluvia que limpia el polvo, un amanecer que insiste aunque la noche parezca eterna.
He aprendido que no toda ausencia es vacío, ni todo silencio es derrota.
Hay corazones que florecen despacio, como los árboles que primero echan raíces antes de tocar el cielo.
Y mientras el mundo corre, yo elijo detenerme un instante, para escuchar el latido de mi vida y recordar que incluso la esperanza tiene la forma sencilla de un pequeño paso hacia adelante.
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Rafael Blanco López
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