Me dijo ayer un hombre
que no hay mayor negrura
que alejarse del pueblo de uno
y besar el suelo
cuando ya no huele a heno;
pero que no hay mayor insensatez
que dejarse llevar por nostalgia,
llorarle a la tierra amada
y arrodillarse sobre paja y cardos.
Me advirtió también
de estepicursores en páramo,
como nubes en el suelo:
\"No te vayas a fijar en ellas,
son plantas de rodeo y fondo,
son decoración de un túnel muerto,
lo más malencarado del yermo...
¡pero lo más vivo del desierto!\"
Me hablo él
del horror que es perder un mochuelo,
que un día cese el ulular
y solo se oiga a la muerte,
porque la muerte vive,
así como la vida muere.
\"Un mochuelo como aquel
había de saber que yo le escuchaba
cuando me hablaba de él\"
Aquel hombre me avisó
de que, quiera o no,
lloraré lo que no debo,
como al pueblo abandonado,
estaré donde no pueda,
como norias esteparias en el campo,
y me aterrorizarán muertes
que aún presentes me llamen;
pero que desde luego
veré al mochuelo
en los ojos del porvenir.
MENCÍA GÓMEZ LUNA