Caballodefuego

Desde El Magma.

Es  mi magma.

Brota en mis entrañas.

Allí donde el cuerpo guarda todo aquello qué nunca encontró una salida.
El dolor.
La ira
La soledad
El miedo.
El silencio.

Todo permanece comprimido, cada vez más denso, cada vez más pesado, hasta qué deja de ser una emoción y se convierte en fuego interno.

Entonces... comienza.
Sin aviso.

Primero... un calor profundo.
Un calor que no viene de afuera, que nace en el centro mismo de mi cuerpo y comienza a subir lentamente, cómo una corriente espesa que encuentra su camino entre mis órganos.
No pasa.
Los invade.
Se instala.
Se adhiere a ellos.
Los impregna.
Los quema.
Los consume.

Lo siento recorrerme por dentro, ocupando cada espacio, arrasando cada rincón, secando todo aquello que alguna vez estuvo vivo y floreciendo.

El cuerpo deja de pertenecerme.Solo existe el magma.
Sigue subiendo.
Siempre sube.
Aprieta el pecho.
Cierra la garganta.
La boca se vuelve árida.
La lengua pastosa.
El aliento arde.
El aire ya no alcanza.
Cada respiración es una lucha contra el fuego ácido.

Y mientras el magma asciende, también asciende la presión.
Empuja desde mis entrañas hasta mi cabeza.
Todo late.
Todo palpita.
Todo empuja.
Mi cráneo se convierte en una prisión.
Hay un latido desesperado.
Un zumbido constante en mis oidos.

Una presión insoportable, como una olla cerrada que lleva demasiado tiempo sobre el fuego y está a punto de estallar.
Por momentos siento que esa presión buscará salir por mis ojos, por mis oídos, por cualquier lugar que encuentre una grieta.

Y con ella asciende la ira.
Una ira que arde.
Una ira antigua.
Silenciosa.
Devoradora.
La misma ira qué alimenta al magma.
La misma ira que incendia mis pensamientos mientras por fuera permanezco inmóvil.
Callo.
Espero.
Me controlo.
No grito.

Nadie imagina que por dentro un volcán está arrasándolo todo!
Nadie escucha el estruendo de esa montaña que se rompe dentro de mí.

Solo yo siento cómo el magma avanza, cómo deja adherida su lava en cada rincón de mi cuerpo, cómo después de quemarlo todo solo quedan cenizas, agotamiento y un silencio inmenso.

No es reflujo cómo dicen.
Es mi magma.

Y cada vez qué despierta, vuelvo a sentir que el volcán no destruye la tierra.
Me destruye por dentro.
Y ya no pido ayuda.
Nadie entiende.
Es mi magma.