Brotaban tímidos en las ramas,
puntos blancos con corazón rosa,
como susurros que el invierno soltó
antes de irse.
No gritan primavera.
La anuncian.
Con ese perfume bajito que se mete
por la ropa y se queda en la memoria.
Pétalos finos, casi de papel,
temblando con el viento pero sin caerse.
Aprendiendo a ser valientes
en ramas todavía desnudas.
Los azahares no piden mucho:
un poco de sol, un poco de espera,
y la promesa de que después de la poda
siempre vuelve la flor.
Míralos.
Ahí está la vida empezando otra vez,
suavecito, sin apuro,
como todo lo bonito. 🪷