EL ALBATROS Y LA TORMENTA
Un albatros, sombra blanca en la noche negra,
riza el aire con sus alas poderosas,
dejando a su paso delicados acordes de limpia melodía.
Allá lejos, al Oeste,
relámpagos y centellas inflaman las nubes,
iluminando un mar embravecido,
surcado por móviles cordilleras.
Trae un viento frío, redoble de tambores,
urgentes sones de trompas y trompetas.
Una centella raja el firmamento
con un chasquido de platillos.
El mar tempestuoso acepta, altivo, el desafío
con sones de violines, chelos y contrabajos.
Entre luchas de titanes, el albatros, indefenso,
repite sin cesar su dulce melodía.
El mar se alza a alcanzarle,
la tormenta baja a hundirle.
Con poderoso aleteo se eleva por encima de las nubes.
Las estrellas le sonríen.
Un coro de luces entona su melodía.
Vestido su plumaje con luz de estrellas
y el vacío del cosmos en su interior,
desciende al temporal, uniendo su canto al cielo y al mar.
Ave, mar y temporal
entonan juntos el canto final.