Naibe, la que muere no es la del vestido rojo;
es la del vestido azul.
Ella estaba cantando...
cantaba en un estado
aparente de ebriedad,
y adentro de su canto
contaba algo
sobre un amor,
un caballo blanco,
una espada para hacer
justicia
y paz.
Y en los ecos
de su corazón ya casi muerto,
susurraba por algo más de vida.
Expuestas estaban todas
sus predicciones,
cantando junto a algo incierto,
como si ese algo —o quizás alguien,
quizás tú o yo— no perteneciera
aquí.
Y a pesar de su balbuceo,
oh, Naibe, la niebla azul
que tenía en sus labios
y el frío gris que había en sus ojos...
Su voz, que correrá largas distancias,
abre su boca con mucha sed,
y la mano que buscaba el listón
blanco
hoy levanta el vaso
para tomar la última copa del brindis.
Dedicado a
Naibe Q.E.P.D