Siento que algo en mi alma se marchita,
y el cansancio me abraza sin razón;
la esperanza, en silencio, se marchita,
mientras se apaga lento el corazón.
Todo me irrita, hasta el viento callado,
como si el mundo olvidara mi dolor;
camino entre la gente, tan quebrado,
cargando en cada paso más dolor.
Me miro al espejo y no logro entender
en qué momento dejé de sonreír;
le pregunto a mi reflejo qué hacer,
porque ya no quisiera vivir.
Pero, aunque la noche me quiera vencer,
queda una chispa escondida en mi interior;
quizá mañana vuelva a renacer,
aunque hoy solo conozca el gris del dolor.