Despierta el alba en su esplendor vestida,
desnudando el sol con timidez de oro
y se despliega en celestial tesoro
sobre la luz de tu extensión dormida.
La brisa limpia, de frescura henchida,
borra el invierno que en la noche lloro;
mientras, al lado de tu pecho adoro
la paz perfecta de sentir la vida.
Con suave roce que mi piel te estrena,
rompe el misterio de mi mente quieta,
cuando tu mano a mi mano encadena.
Tus boca húmeda mi sed completa,
quiebra el orgullo que el temor condena...
¡Culpable el beso de tu amor profeta!