Han pasado ya varios años desde la última vez que me besaste, me miraste a los ojos y me dijiste que me amabas.
¿Cómo olvidar tu olor, tu voz, tu risa, tus sueños y, más que todo, la forma tan hermosa en la que iluminabas mi vida?
No sé qué nos pasó. Todo iba bien. Estábamos enamorados, sin conocer el dolor, sin imaginar que algún día existiría un \"hasta aquí\".
Quisiera que nuestra historia nunca hubiera terminado, porque aún te amo. Sí, te amo, y no puedo mentir. No puedo borrar lo que siento, ni traicionar a mi corazón fingiendo que te olvidé.
Te encantaba dormir a mi lado, reír conmigo, contemplar el atardecer y cantar mientras yo tocaba la guitarra y tú acompañabas cada melodía con esa voz tan hermosa que aún resuena en mis recuerdos.
Amabas mirar la luna, comer palomitas los domingos y nunca faltaba el momento en que te despertaba a las tres de la madrugada solo para decirte cuánto te quería.
Siempre me pedías tres besos: uno porque te quería, otro porque te amaba y el último por si algún día llegaba a faltar uno de los dos.
Ahora soy yo quien necesita esos tres besos. Quien necesita volver a escucharte, abrazarte y hablar contigo una vez más. Pero el destino, a veces, puede ser demasiado cruel.
¿Por qué tú? ¿Por qué no fui yo quien se fue aquella noche? ¿Por qué me dejaste aquí, con tanto amor que aún no sé dónde guardar? ¿Por qué tuviste que partir? Dime... ¿por qué?
Desde aquel día el tiempo siguió avanzando, pero una parte de mí se quedó contigo. Hay noches en las que miro el cielo buscando la luna que tanto te gustaba, imaginando que, de alguna manera, también la estás mirando.
Si algún día nuestras almas vuelven a encontrarse, solo quiero volver a abrazarte, darte aquellos tres besos que quedaron pendientes y decirte, una vez más, que jamás dejé de amarte.
Poeta: Esequiel