Ricardo García Lozano

La Ola

La ola

Soy ola serena y rumorosa,
de mar adentro venida;
cantando mis pensamientos
en mis largas travesías.

Temo a la pétrea garganta,
y mi aliento se eleva en trémulos rizos.

Clarinetes y violines
suenan a bienvenida.

Marcho atraída
por una solemne armonía.

Suspiran los contrabajos;
se imponen las trompas.

Acaricio las teclas
del inmenso piano.

Iluminada con brillantes sonidos,

me recibe la gruta
con pausados latidos.

Una luz perfumada
ilumina la inmensa catedral,
por el tiempo y el fuego levantada.

Una flauta, en un recodo,
me saluda caprichosa;
y un trombón, en la distancia,
responde con voz cavernosa.

Cuelgan peñas del techo,
tubos de un colosal órgano,
cuya voz grave hace temblar mi pecho.

Una catarata de notas de piano
me cubre con un manto
de vibrantes acordes.

Vuelvo al océano,
cargada de música
y cegada por la belleza.