Algunos días todavía son ayer,
pero no hoy.
Hoy no amaneció tarde, ni el día tardó en irse;
es más, no se ha ido a buscar ser de mañana
porque aún espera algo,
no sé exactamente qué,
pero parece que la lluvia
tiene una urgencia íntima
de mojarse en formas secretas
y trajo una penumbra tibia
que encendió temprano las lámparas
que no se apagarán en los charcos
ni en los rostros que pasan
en su encendido instante de pasar
rumbo a no sé dónde.
Porque a veces no me acuerdo del olvido,
hoy no fue ayer,
y sonrío con letra grande bajo el paraguas,
caminando sin prisa hacia alguna parte
donde todavía no estoy,
pero donde ya me aguardo
para andar conmigo
sin que nadie más me falte.
Olvera, P. México, 20 de junio de 2019