El alba nos da los trinos
dulces, y yerba mojada,
con un vientecillo suave
que lleva esencias de jara.
El campo se ha engalanado
con sus sedas más preciadas.
¡Gocemos estas visiones
que nos vienen regaladas!
Hay un gallardo ababol
con su cabeza inclinada
por donde deja entrever
la gema que dentro guarda,
sentémonos, y esperemos
hasta que del todo se abra,
que yo le hablaré de ti,
y tú me increparás: ¡Calla!
¿Sabes qué? Di a cada encina
un nombre para llamarla.
Después te las mostraré.
Te diré como se llaman,
y ellas podrán saludarte
como a mí me saludaban.
Pero ahora, mira el campo.
Mira al pastor con sus cabras.
Mira los verdes trigales
y el arroyuelo que canta,
Esto es, lirismo viviente.
Esto es poema del alma.
La tierra donde nacemos
es el polvo que nos traga.
Gocemos intensamente
lo que esta vida regala.
Amemos lo que vivimos,
porque después, ya no hay nada…