¿Podría yo, acaso,
describir con el corazón
la tristeza de su ocaso
y la agonía en su dolor?
Ya he visto el alma llorar cuando,
sin piedad le arrancaban la vida,
y a mis pies derrumbarse un mundo
de fantasía, ilusiones, ... de mentira.
Un mundo que duró un sueño,
un sueño que llevó a la dicha a quienes,
como el que se esconde del dueño,
ladrones que lo robaban parecían.
¡Pobre mente, la del ser racional,
que intenta comprender actos divinos!
¡Perdón por hacer brotar
un sentimiento que nacía prohibido!