He caído una vez más
en el hábito insano y satisfactorio de recordar
de idealizar
y volcar la energía en un recuerdo varado en la orilla de la inutilidad.
He vuelto a traccionar a la realidad con tu recuerdo
con tu idea e imagen,
con tus palabras y luces
con tus ojos y las lágrimas que nunca mi alma dejará de derramar,
hoy por accidentes de búsqueda y encuentro
he vuelto a ti
por minutos, los suficientes
para escribir.
Volví a ti,
como la ola
como la brisa
como el aroma de la mañana
y el sol luego de su noche,
volví a ti
como siempre
para un nunca,
como tantas veces
para nada,
solo he vuelto.
Y me voy
para lo mismo,
para no encajar
para no coincidir
para lamentar unánimemente
que mi vida nunca fue suficiente para ti,
que las palabras de amor
y las acciones de devoción
no dieron talla para tu escala de medir,
tal vez por cara, por figura o por historia
no lo sé,
tal vez no éramos el uno para el otro,
tal vez yo no era lo que te hacía feliz
tal vez el amor más grande de la historia,
aquel que traspasa los años
las distancias y los recuerdos,
ese amor que es trasversal a todos los demás amores
que galopa en contra de la lógica y la salubridad
que golpea, que recuerda y que se revela a morir
tal vez, y solo tal vez,
no bastó para ser suficiente.
He vuelto a ti, en letras, una vez más
esperando nada,
como siempre.
Solo en este ejercicio vulgar y casi anecdótico
de crear y guardar,
de validar que sigues siendo la mejor inspiración
la mejor excusa
para crear y botar.