Hay llamadas que nunca llegan,
y mensajes que no existen
hay momentos de inmenso vacío
y dolores que nacen de un despiste.
No ha llegado tu llamada
o quizá, ya no la espero.
Aún vive en mí la esperanza,
no te miento, aún te creo.
Solo ya no espero.
Ya no pienso a cada instante.
Se apaga el fuego, viene el desenlace,
ahora solo hay calma flagrante.
Un día te irás, como quien deja
una maleta llena de sueños.
Puedes irte, tranquila,
yo logré lo que quería.
Insistí y cambié
la forma en que me miras.