JordiCris
Los relojes blandos de Dalí.
El tiempo se derrama en silencio,
como reloj cansado bajo el sol.
que ya no mide las horas, solo las recuerda.
La memoria, caprichosa y frágil,
no guarda el pasado intacto;
lo dobla, lo estira, lo arruga
y lo funde con los sueños.
En el paisaje inmóvil de Dalí,
donde cada sombra parece respirar,
y el vacío habla con una voz que nadie oye.
Invita a preguntarse:
¿Qué instante permanece?
¿El que vivimos,
el que olvidamos,
o el que inventamos para seguir adelante?
Los relojes blandos no anuncian el final;
nos susurran que el tiempo
no siempre avanza
en línea recta o en una sola dirección.
A veces solo se detiene en un recuerdo,
se curva en una nostalgia,
o se pierde en el laberinto de la mente. O se detiene.
Quizá la verdadera persistencia
no sea la del tiempo;
sino la de la memoria,
que insiste en conservar con lo que el mundo borra
y convierte cada recuerdo
en un sueño suspendido entre el ayer y el ahora.
CRISPÍN
Mi poesía
Poema n. 78
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