Miguel Aiuqrux

DONDE VIVEN LOS FANTASMAS

 

«Quedabas esperando ecos que no volverán,
flotando entre rechazos del mismo dolor.»  Gustavo Cerati

 

Lúgubre despertó la enredadera.
Las hojas heredaron tu silencio.
La lluvia envejeció sobre la piedra.
Y el jardín quedó por siempre pálido.

Íngrima quedó la casa abierta.
El polvo coronó cada retrato.
Ni el viento recordó nuestras promesas.
Sólo volvió el rumor, ya tácito.

Mórbida cayó la luz de abril.
El tiempo deshojó todos los días.
El adiós aprendió todos mis nombres.
Cambió de rostro, siempre lánguido.

Prístina me habló la vanidad.
Vestía mi reflejo como un rey.
Rompí el espejo para no encontrarme.
Y el orgullo siguió siendo mísero.

Nítida la noche abrió sus manos.
No hubo redención entre sus dedos.
Amar jamás fue regresar al puerto.
Fue naufragar sin dejar de ser náufrago.

Última llegó la madrugada.
La aurora no pidió ninguna lágrima.
Entonces comprendí que algunos ecos
jamás se van; se vuelven fantasmas.