Madres, ustedes son Gea, raíz primera,
tierra que sostiene cada paso incierto,
y en nuestro regazo florece la primavera
como un templo abierto en el desierto.
Isis les corona con su manto de estrellas,
Hathor les canta en la voz del recién nacido,
y Cibeles derrama sus aguas bellas
para que el mundo sea fértil y vivido.
Deméter les guarda en la espiga dorada,
en cada pan que alimenta la jornada,
y Pachamama, con su aliento profundo,
les nombra guardianas del alma del mundo.
Madres, diosas vivas, eternas protectoras,
y su santo cuidado es rito, y su amor es llama,
y en cada gesto de esta vida se enamora
como un himno sagrado que nunca se apaga.
Por eso les llamo diosas maternas,
porque en ustedes habita la eternidad,
y cada madre que cuida y enseña
es el rostro humano de la divinidad.
Annabeth Aparicio de León
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