A veces nos volvemos tan pendientes de lo cotidiano
que dejamos todo en un segundo plano.
Nos alejamos de hogares personificados,
de la luz, la seguridad,
para perdernos en el consuelo de la monotonía.
Pero los coros ensordecen a las voces individuales.
Un único ente no puede modificar un credo.
Incluso si la muerte acariciara a un familiar, la mayoría lo dejaría pasar
con tal de mantener un sueldo.
Haría horas extra para olvidar.
\"Hay un mundo ahí fuera\", me dijeron sin verlo,
como si fuera una creencia, un mito, una historia fantasiosa.
Podría irme solo, dejarlos atrás. Pero ¿quién llevará flores en su funeral?
Un trabajo no lo hará, ni tus amigos que se marcharon.
Tu familia se olvidará, centrada en su propio trabajo.
Entonces, me quedo. Lo dejo pasar.
Abrazo lo rutinario sabiendo que no me soltará,
que me apretará tan fuerte que los años pasarán.
Y al final todo se repite, encontrando en lo cotidiano una enfermiza satisfacción.