Mi corazón late a mil.
La sangre bombea, no por costumbre,
sino para que no me rinda.
Corro en una carrera contra el reloj,
empujada por un único deseo
volver a ver tu sonrisa.
La soledad me susurra
que jamás te alcanzaré,
pero un corazón que ama
no entiende de rendiciones.
El frío acaricia mi rostro,
los rastreadores acechan, puedo sentirlos,
quieren apagar mi esperanza.
Se olvidan, pobres,
que aunque vengan por mí,
aunque caiga,
aunque este sea mi último latido,
será un latido de amor por ti.