JUSTO ALDÚ

DERRIBANDO EL MITO DE LOS \"DESCUBRIDORES\" (ensayo breve)

Durante siglos, la enseñanza de la historia en Hispanoamérica repitió dos afirmaciones convertidas casi en dogmas: que Cristóbal Colón descubrió América y que Vasco Núñez de Balboa descubrió el Mar del Sur. Ambas expresiones fueron transmitidas de generación en generación por textos escolares, especialmente de editoriales españolas, hasta quedar grabadas en el imaginario colectivo. Sin embargo, basta un análisis desapasionado para comprender que tales afirmaciones pertenecen más al lenguaje tradicional que al rigor histórico.

La primera pregunta es inevitable: ¿puede descubrirse aquello que ya existe y es conocido por millones de personas? Si la respuesta es negativa, entonces resulta evidente que América nunca fue descubierta en sentido absoluto. Mucho antes de la llegada de los europeos, el continente albergaba civilizaciones complejas, ciudades, redes comerciales, culturas y conocimientos desarrollados durante miles de años. Para los pueblos originarios, aquellas tierras no eran un misterio: eran su hogar.

Algo semejante ocurre con el llamado descubrimiento del Mar del Sur. Cuando Vasco Núñez de Balboa llegó a las costas del océano Pacífico en 1513, no encontró un mar desconocido. Las comunidades indígenas del istmo y de las costas del Pacífico convivían con él desde tiempos inmemoriales. Lo que realmente sucedió fue que Balboa se convirtió en el primer europeo documentado en avistar aquel océano desde el continente americano y en llegar a sus aguas. La diferencia no es un simple juego de palabras; es una cuestión de precisión histórica.

Es cierto que, desde la perspectiva europea del siglo XV, las expediciones buscaban una ruta hacia las Indias y hablaban de \"descubrimientos\". Ese lenguaje respondía al desconocimiento geográfico de Europa, no a una realidad universal. Lo que Europa ignoraba no era desconocido para quienes habitaban estas tierras desde hacía milenios. Por ello, el término \"descubrimiento\" solo puede entenderse como el descubrimiento para los europeos, nunca para la humanidad.

Llama la atención que, aun cuando la historiografía moderna corrigió hace tiempo estas simplificaciones, numerosos textos escolares continuaran reproduciéndolas. Durante décadas, generaciones enteras fueron educadas con una versión parcial de los acontecimientos, mientras los avances de la investigación histórica permanecían al margen de las aulas. El resultado fue la consolidación de mitos que aún hoy sobreviven en monumentos, efemérides y discursos oficiales. ¿Egocentrismo? Eso cada quién debe contestárselo. Yo soy objetivo y presento los hechos tal y como son.

El propio Balboa dista mucho del héroe impecable que suele presentar la tradición. Llegó al continente americano oculto como polizón en una expedición para escapar de las deudas y de los procesos judiciales que había dejado en La Española. Para mí no era más que un prófugo de la justicia colonial (cada uno saque sus conclusiones) Más tarde protagonizó una de las expediciones más importantes de la conquista, pero su vida terminó de manera trágica. En 1519 fue decapitado en Acla por orden de Pedrarias Dávila, tras ser acusado de conspiración contra la Corona. Paradójicamente, quien había servido a los intereses del Imperio español encontró la muerte a manos de sus propios compatriotas.

Nada de lo anterior disminuye la trascendencia histórica de Colón ni de Balboa. Colón encabezó el viaje que inició un contacto permanente entre Europa y América, transformando para siempre la historia del mundo. Balboa, aquel prófugo, fue el primer europeo documentado en cruzar el istmo de Panamá y contemplar el océano Pacífico desde estas tierras. Ambos protagonizaron hechos extraordinarios que no necesitan ser magnificados mediante títulos históricamente inexactos.

La historia no debe construirse sobre consignas, sino sobre evidencias. Revisar estos conceptos no significa borrar el pasado ni negar el protagonismo de ciertos personajes; significa narrarlo con mayor fidelidad. Los pueblos no se engrandecen aferrándose a mitos, sino teniendo el valor de sustituirlos por la verdad.

Quizá ha llegado el momento de abandonar el lenguaje heredado de otra época. Colón no descubrió un continente cuyos habitantes lo conocían desde miles de años antes de su llegada. Balboa no descubrió un océano que los pueblos originarios habían navegado, pescado y venerado desde tiempos inmemoriales. Lo que ambos hicieron fue incorporar esos territorios al conocimiento geográfico europeo y alterar, para bien y para mal, el rumbo de la historia universal. Esa hazaña es suficientemente grande como para no necesitar adornarla con un mito.

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* Desafortunadamente la influencia de estas inexactitudes produjo que nuestra moneda se llame “BALBOA” y tenga grabada su silueta y así hay muchas monedas grabadas con imágenes cuestionables en varios países.