Ayer,
mis lágrimas en la arena volcánica,
mis pies en tus cenizas,
mi cabeza en la niebla total.
¿Quién siembra sin cosechar?
¿Quién llora sin haber amado?
Hoy lloro por haberte sembrado,
mi pequeña Amparo.
La primer cosecha fue dolor,
¡fue ira!
Fue...
¿Quién muere antes de nacer?
¿Quién hiere sin conocer?
¿Quién deja tanto sin haber siquiera respirado?
Hoy, me encantaría decir
que el dolor es una gota de rocío que abona este árbol,
una ráfaga de viento que lo hace más fuerte,
o un haz de luz que lo hace brillar.
Pero no, amor.
Aún no.
Aunque algún día lo será…
Carlos Dionicio - Guatemala, 25 de Julio del 2026