Allí está,
tatuada en el fino papel del alma;
casi ni se nota.
Por más que se arañe o raspe
esa perpetua superficie,
seguirá exponiendo
la filigrana de nuestro destino.
Es entidad particular,
intransferible.
Imposible de modificar,
mucho menos falsificar.
Marca de agua
de etérea presencia,
que develas
nuestra arquitectura psíquica.
Incrustada en la fibra generacional,
diseño inmutable
que solo la traslucida luz revela.
Representa el sustrato
moral y temperamental
con el que arriamos la vida.
Esa huella es el núcleo
ético y emocional primigenio,
que otorga autenticidad a nuestra identidad.
La introspección ilumina la marca,
recordando nuestra esencia insobornable.
La vida tomada
mueve el entramado
de la luz de la conciencia
y la espátula del tiempo.
Aunque la vida
con sus avatares
despinte y reescriba
el fulgor de nuestra marca de agua
ella siempre estará allí.
26-07-2026
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