Mi vida en soledad es un castigo,
por ser infiel aún siendo adolescente,
repudiado y olvidado por mi gente
aquel error frustrado lo maldigo.
Inmaduro, pusilánime y perdido,
no supe poner freno a las pasiones
lamentando mi desliz por los rincones,
hoy me muestro un infeliz arrepentido.
Mi penitencia arrastra un sufrimiento
incapaz, con el tiempo de olvidarlo
de mi mente no consigo eliminarlo,
transformando mi desdicha en un tormento.
Aquel amor se fue con la traición
con el estigma de ser un gran delito
sin el perdón, el daño no ha prescrito,
y aquel agravio será mi perdición.
Perdóname la ofensa y el desprecio,
cada día que pasa me doy cuenta
de la importancia que tuvo aquella afrenta
infringida por quien era un pobre necio.
Classman
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