Temo que en la posteridad
un día cualquiera se me de por hurgar los recuerdos
y no aparezcan tu risa y tu bondad
pero sí tus besos nulos atestados de pretextos.
Temo de ti porque nunca te detienes en mis ganas
porque siempre pasas de largo por mis labios
pasas taciturna y fría como la madrugada
pero perfecta y precisa como el astrolabio.
Temo que en 200 años cuando mis ideas de amor resuciten
no me recuerden como un revolucionario,
como un luchador de paz y defensor del que subsiste;
temo no recuerden a Biohó, siempre libre y temerario.
Temo no volver aquí, a estos lugares inconclusos
a las tardes de salón impregnadas de niñez
a los sueños que no duermen y tus besos tan obtusos
temo que un día y para siempre nos devore la altivez.