El viejo sembrador
ya no camina ligero,
pero conoce la tierra
como conoce su sombrero.
Sabe cuándo está sedienta,
sabe cuándo tiene frío,
sabe dónde el sol se queda
y dónde duerme el rocío.
Cuando le preguntan:
¿Qué espera?
Responde mirando al cielo:
Que la tierra dé su fruto
y que mis hijos lo vean.
Y vuelve a hundir en el surco
su mano llena de tiempo,
como quien deja una carta
para los que vienen luego.
Emiliodr/Julio 26/26