Los sentimientos miserables de una madre que sufre
Qué sentimiento más horrible cuando la noche cae en silencio,
y el alma, sin encontrar descanso, se consume en su tormento.
Los ojos se niegan al sueño, el corazón no deja de temblar;
solo una madre comprende lo que significa llorar.
Qué difícil es aceptar que un hijo nunca nos pertenecerá,
aunque haya nacido del vientre que por siempre lo amará.
Es un miedo que no descansa, una pregunta sin final:
¿hasta cuándo estará conmigo?, ¿cuándo llegará el adiós fatal?
Sentada en un viejo sillón, con la mirada perdida al cielo,
las lágrimas son la oración que brota en medio del desvelo.
«Dios mío, dame fuerzas», apenas alcanza a pronunciar,
mientras la realidad le susurra lo que no quiere escuchar.
Y hoy elevo una plegaria por toda madre que vive este dolor;
por aquellas que despiertan cada día abrazadas al temor.
Porque no existe herida más profunda ni agonía más cruel
que sobrevivir con el alma rota… sin saber cuándo volverá a florecer la piel.
Hay dolores que el tiempo no cura, solo enseña a respirar con ellos;
y el de una madre por un hijo… es uno de esos eternos.
Que Dios tenga misericordia de ti, hijo ajeno y querido.