Manejar, ese acto que destaca en la velocidad. Fórmula 1, rápidos y furiosos, ir tarde al trabajo, viajar a otro estado, sobrepasando aquellos círculos rojos con dos o tres números en medio.
A penas hace dos años que inaguré mi licencia de conducir, salí opaco y con un símbolo de lentes, a causa de mi avanzada miopía joven. Al principio quería mostrar mis dotes, compensar mi poca experiencia con altas velocidades.
Un cabello teñido de cenit y nubes de la estratósfera me ha enseñado sin dirigir una palabra ni clavar un gesto que manejar, es, en su totalidad, un disfrute.
40 km/h 50 km/h, ¿para qué ir más rápido si no hay un propósito?, ¿para qué apresurar una etapa de mi vida?
querer sacar mis impuestos cuando todavía me hago popo en pañales.