Duele más el amor que se apaga despacio
que aquel que termina de golpe.
Porque uno sigue esperando
un abrazo que no llega,
una mirada que ya no busca,
unas palabras que antes nacían solas.
Me pregunto en qué momento
dejé de ser refugio
para convertirme en costumbre,
en alguien que está,
pero ya no es visto.
Y aunque sonrío por fuera,
por dentro cargo el peso
de sentirme sola
aun teniendo tu mano tan cerca.
No quiero grandes promesas,
ni flores, ni milagros.
Solo volver a sentir
que me elegís cada día,
como alguna vez lo hiciste.
Si de verdad ya no me amás,
decímelo con la verdad que merezco.
Porque duele perder un amor,
pero duele mucho más
seguir abrazando una ausencia
que todavía tiene tu nombre.