Guillermo Estañ uriña

El silencio del dictador

Un sacerdote viejo tenía una estatua de Jesús crucificado en la pared de su cuarto, solo para el, delante de su cama. El sacerdote se acercó con biblia en mano y le susurro:
-por favor hablame, por favor, te lo ruego hablame
Se quedo unos segundos cerca de su oído, esculpido con excelencia, para luego arrodillarse y rezar, en cada oración hacia una pausa para besarle los pies, que se veían desgastados por el uso.
-Si no me hablas tu primero la muerte lo hara, y le tengo miedo, pero no tanto como a tu castigo
El sacerdote se levantó, dejo la biblia en el suelo, al lado de los pies de Jesús y se fue a dormir, con la mirada de Jesús clavada en el.