¿Cómo decirle, señora, lo que llevo escondido?
Mi pecho se estremece cuando encuentra su mirada;
pero hasta hoy confesarle no me ha sido permitido,
y guardo este sentimiento con el alma resignada.
Días van y días vienen, y conservo este secreto;
desde el instante en que la vi, más fuerte late el corazón.
Lucho por vencer mi anhelo, procurando ser discreto;
solo me queda callarlo y pedirle a Dios perdón.
Es un sentimiento noble que a mi vida ha llegado;
sus pasos de cada tarde mi memoria ha dibujado.
Sin querer, hasta su calle más de una vez he llegado,
y quedo preso del hechizo que en mi pecho ha despertado.
No pretendo arrebatarle la paz de su hogar querido,
ni sembrar una tristeza donde florece el amor;
prefiero llevar en silencio este sueño reprimido,
antes que causarle lágrimas o sembrarle algún dolor.
Quizá nunca usted conozca la verdad de mi destino;
tal vez este sentimiento nazca y muera sin hablar.
Hay amores que en la vida siguen otro fiel camino:
el de aprender a querer... y también saber callar.
Si algún día, cuando el tiempo borre toda esta emoción,
y vuelva a verla por la calle con la misma admiración,
sonreiré agradecido por tan bella inspiración,
pues amarla en el silencio también fue una bendición.