Carlos Baldelomar

+ IDIOMA EXTRANJERO +

Debí de haberme guardado unas cuantas palabras,

ahorrarlas en los bolsillos,

cuidarlas,

como cuida uno a veces las monedas

para estos días

cuando nos aprieta el hambre.

 

Pero me dio por gastarlas,

por reescribir diccionarios enteros

por inventar significados más grandes

de los que le caben a uno en las manos

y que así el mundo no aparentara

ser un lugar tan pequeño.

 

Y resulta que, de a poco me fui perdiendo

en las esquinas de esta misma ciudad.

Sus nombres comenzaron a estirarse,

a volverse de pronto impronunciables,

y los destinos me hicieron un extranjero

donde nadie pudo, entonces,

entender mi idioma.

 

Y me sentí miserable,

con las manos repletas de rencores,

y por fin tuve miedo,

un miedo terrible

al querer pronunciar,

una vez más,

el sentido de tu nombre.