No empieza en la palabra,
sino en lo que se aparta para que ella quepa.
En la espera
a que la prisa del día se desmonte
sin ruido.
Se busca una línea
que no sea el eco de otra línea.
Una sola.
Porque las palabras vienen llenas
de oficinas, de besos que no dimos,
del dinero que falta.
Vienen con la grasa de lo usado
y resbalan.
Escribir es quitarles
esa película tibia,
rasparlas en la página
hasta dar con la madera dura:
una viga seca
que sostenga la casa sin crujir.
Antonio Portillo Spinola ©