Oh, amor, perdóname
si cuando escribo algún
poema no te nombro.
Es que el olvido infame
se cuela por las ranuras
de todos los andares.
Antes,
en mi corazón tenías cabida
y caminaba al lado de tu desasosiego
cuando la luna de aceituna
se asomaba.
¿Recuerdas?
La ternura constante
se dejaba ver enamorada
por las grietas del cielo
y esa sombra lejana
no golpeaba.
Yo podría caminar a tu vera,
si todavía el beso supiera a primavera
y el otoño no cayera
sobre mi desamparo.
L.G.