Nos encontramos sin buscarnos
y algo empezó a encajar despacio,
como si el mundo supiera
que ya nos habíamos conocido.
Tu risa se enredó en mi pecho
sin pedir permiso,
y tus labios, aún sin besos,
se trababan en mi boca.
Y de pronto querer
dejó de dar miedo,
prefiriendo el infierno contigo
a un paraíso sin tu luna
reflejada en el mar de mis sueños.
Si esto es el amor,
que no se acabe pronto,
que dure
como titilan las estrellas
cuando brillan tus ojos,
si tus manos
me piden lo imposible
y a mí me parece
demasiado poco.