PÓLVORA
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De qué sirven las cartas de un verano
a un amor de quincena,
que se ahogó en los últimos días
de un agosto camino del olvido.
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De qué sirven las llaves oxidadas
de un viejo caserón deshabitado
dónde solo perdura nuestra ausencia
y por mucho que hagamos por volver
nunca lo llenaremos como entonces.
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De qué sirve el jardín de aquella infancia,
las rosas ya marchitas
o el sauce en que grabamos nuestros nombres
ajado por el tiempo y la sequía.
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De qué sirven los mapas
de las ciudades a las que no iremos,
los tranvías nocturnos,
que nos llevaron cerca del hogar
y hoy ya no llevan a ninguna parte,
las estaciones hoy abandonadas
con andenes desiertos,
donde esperar a tantos que llegaron
y decirles adiós
a otros tantos creyendo en su regreso,
si el destino nos lleva a otros lugares
que no podríamos llamarlos nuestros.
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De qué sirven los bares si no entramos
como entrábamos antes y bebíamos
el vino de los sueños
en las furtivas noches hasta el alba
y ebrios de atrevimiento los cerrábamos.
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De qué sirven los libros y los cuentos
que leímos de niños y creímos
en un mundo distinto pero incierto
o los rotos recortes de revistas
de pretéritos ídolos ya muertos.
que guardamos al fondo de un cajón
y no hemos vuelto a ver ni nos importan
o la nostalgia de las bibliotecas.
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De qué sirven,
son pólvora que inicia el vasto fuego
de todo lo que arde en un poema.
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Pedro Hernández.
Autor del libro X cuando fuimos los mejores
Disponible en la web de talón de Aquiles
este poema no pertenece a ese libro.