Lucía Gómez

LO QUE SE HA PERDIDO...

El abrigo estaba allí,

al fondo del armario.

Lo encontré, como se encuentra

lo que se ha perdido.

Y olía a invierno todavía...

a esas tardes tan bellas en Lisboa.

Revisé sus bolsillos y había -aún-

una nota arrugada.

Y el abrigo, me reconoció en silencio.

Lo doblé con cuidado.

Es que hay cosas que no se arrojan

porque nos reconocen

por nuestro nombre arcaico.

L.G.