David Eduardo

Cuando la luna es el Ășnico faro

Cuando la luna es el único faro

que alumbra una calle sin luz eléctrica

el viento suele suspirar enamorado,

la gente se vuelve fantasmas deambulando

para encontrar un lugar que este lleno de luz. 

 

Y fue así que recordé que una noche

mientras dormía como cualquier persona

que descansa luego de una jornada extensa,

tuve un Déjà vu quizás sea eso o fue

un sueño premonitorio que justamente

me advirtió sobre esta noche. 

 

Una noche a oscuras donde las voces,

sutiles voces me susurran al oído.

Ver como mi amante trata de apagar

el fuego que nace entre sus piernas,

ver como los niños no duermen por el miedo

escuchar a los vándalos gritar como perros heridos, 

mirar entre las sombras mi pasado. 

 

Contemplar la luna encima de un cielo

sin estrellas, sentir la brisa del viento

acariciar mi rostro y oler los dedos

de mi amante después de una sonata

de lujuria y pecado.

 

¿Pero qué más puedo hacer?

Quizás sea momento de entrar

a la habitación, soportar el calor

del verano, desnudarme por completo

y hacerle el amor a mi amante

mientras la luz eléctrica vuelve. 

 

Mientras tanto la luna que observa

por mi ventana tendrá que conformarse

en masturbar sus cráteres mientras

yo siento el calor de mi piel

y su piel sea una blanca caricia envuelta

en un par de nalgas plutónicas.